Mi Trayectoria Hacia Una Medicina que
Escucha y Orienta
PhysisNoa significa “naturaleza” + “comodidad”. Lo escogí porque el camino a la salud implica estar en sintonía con la naturaleza y valernos de sus herramientas (“Physis”), siendo acompañados en un entorno de calidez y comodidad (“Noa”). En la expansión hacia una asesoría internacional, adicioné las iniciales de mi nombre Inata como una nueva práctica para acompañarte hacia el bienestar, estés donde estés.

“Recupera tu salud innata”
Una práctica construida alrededor de la escucha y lo natural
Si una pastilla resolviera el problema de raíz, no volverías a la consulta cada tres meses por una dosis más alta.
En el sistema convencional aprendí a tratar la urgencia, pero también vi cómo el modelo convertía a los pacientes en visitantes crónicos: una receta para tapar el síntoma, otra para contrarrestar el efecto adverso de la primera, y cero minutos para hablar de nutrición, descanso o emociones.
Veía llegar a personas sobrecargadas de estrés, comiendo desde la prisa y sin moverse, pero nadie en la consulta tenía el tiempo de preguntarles qué les dolía de verdad en su vida. Regresaban agotadas, sumando fármacos a la fórmula y normalizando el malestar.
En consultas de 15 minutos, la frustración y la impotencia se volvieron cotidianas. Sentía una profunda desesperanza al ver cómo un modelo acelerado me reducía a firmar recetas, impidiéndome educar, acompañar y ofrecer una salud verdaderamente integral.
Por eso siempre me interesó explorar primero lo menos invasivo: acudir a la sabiduría de la naturaleza (plantas, esencias florales, aceites esenciales), a la quietud de la meditación y el mindfulness, a la vibración del sonido y al contacto con el aire, el sol y el ritmo vital.
Y junto a eso, me fascinó la precisión de la acupuntura y la reflexología: comprobar en la práctica cómo estimular un punto distante en el cuerpo podía aliviar un síntoma o modular una función de manera rápida y limpia, activando los propios recursos de autorregulación del organismo antes de recurrir a intervenciones farmacológicas agresivas.
Pero sanar de raíz exige pausa. Exige tiempo para preguntar y silencio para escuchar. La escucha es el primer acto terapéutico y el único que no admite atajos.
Por eso en julio de 2018 decidí dar un paso al costado del modelo tradicional y fundar mi propia práctica. Mi propósito es simple: integrar el rigor médico con herramientas naturales y respetuosas con el cuerpo, devolviéndole a la consulta el tiempo, la calidez y la pedagogía que cada persona merece.
Porque buena parte de lo que enferma se aprende en el camino diario — y todo lo que se aprende se puede transformar. De ahí salió todo lo demás: el blog, los cursos, los e-books y los talleres.
Salud física y emocional
desde la raíz.
Hoy soy una médica con 11 años de experiencia dedicada a la Medicina Preventiva y al acompañamiento integral para transformar tu calidad de vida. Mi enfoque no se limita a tratar la enfermedad: busca educarte y darte herramientas para alcanzar una salud física y emocional óptima, centrándome en la prevención de enfermedades crónicas y en el abordaje complementario de las ya diagnosticadas.
Mi práctica prioriza identificar el origen real de tus desequilibrios, diseñando estrategias terapéuticas que no dependan exclusivamente de fármacos y que te permitan construir hábitos y cambios sostenibles en el tiempo.
Cómo se junta un arsenal de herramientas
En la carrera de medicina se aprende una sola forma no invasiva de tratar: el medicamento. Ni nutrición a fondo, ni ejercicio de fondo, ni descanso, ni qué hacer con alguien que está agotado y no tiene nada en los exámenes.
Me di cuenta temprano y empecé a buscar por fuera mientras seguía estudiando. Primero llegaron la atención plena y la meditación; después la homeopatía y la medicina china. Nada de eso estaba en el plan de estudios.
- Barcelona, últimos tres meses del internado. Me fui a un instituto especializado en terapias naturales – ISMET- a aprender reflexología podal, dietoterapia naturista, terapia floral, fundamentos de medicina china y kinesiología holística. Y ahí pasó algo que todavía me parece increíble decir en voz alta: fue en un instituto de terapias naturales, y no en la facultad de medicina, donde aprendí nutrición.
- Después el máster, de España: medicina biológico-naturista. Lo busqué porque quería algo que integrara más herramientas naturales en un solo cuerpo, y no que fueran “curso suelto sobre curso suelto”. Ahí profundicé en nutrición, terapia floral, aromaterapia, plantas medicinales, arcillas, baños de sol, aire y agua. Y ahí también estudié la parte que nadie asocia con lo natural: biología humana, epigenética, y qué pasa en el espacio que hay entre las células -el terreno donde llega el nutriente y sale el desecho-, que es la explicación fisiológica de por qué el entorno y los hábitos cambian cómo funciona un cuerpo.
Mientras hacía el máster, seguía trabajando en el sistema de salud. Las dos cosas a la vez: aprendiendo qué más se podía hacer, y viendo cada día que no había tiempo para hacerlo.
Cuando recibí el título apostillado, me independicé.
Y ahí empezó la segunda mitad, que no fue planeada.
- Reiki. Lo estudié porque llevaba tiempo viendo que a los pacientes les servía. No lo hacían médicos: lo hacían terapeutas, y funcionaba lo suficiente como para que la gente volviera. Quería entender de dónde venía eso: qué idea de energía manejan, de dónde sale, qué hacen realmente con las manos. No se puede opinar de algo que no se ha estudiado.
- Sonido y vibración. La música es otro de mis gustos grandes, así que cuando encontré una formación que la unía con la terapia, no lo dudé. Combinar arte con arte, dicho así.
- Psiconeuroinmunología y medicina mente-cuerpo. El sonido funcionaba, pero me faltaba entender por qué: qué le pasa al sistema nervioso cuando alguien se relaja de verdad. Ahí me llevé las herramientas que más uso hoy — la relajación de Benson, la relajación muscular progresiva, la visualización guiada y la escritura terapéutica.
- Auriculoterapia y acupuntura. Estas las estudié por una razón concreta: en dolor y en peso hay buena investigación detrás, y quería tenerlas bien hechas y no de oídos.
- Homeopatía. Fue al revés que las demás. Primero vi evoluciones favorables sin necesidad de medicamento en casos que no esperaba, y eso me obligó a estudiarla en serio.
- Medicina biorreguladora, homeosiniatría y biodecodificación. Las últimas, cada una cerrando un hueco distinto: la técnica de aplicación por un lado, y por otro qué hacer cuando lo que sostiene el síntoma no es del cuerpo.
Cuento todo esto por una razón, y no es el currículum.
Cuando alguien llega con algo, casi nunca hay una sola herramienta que sirva. Hay tres o cuatro posibles, y la diferencia está en elegir la que encaja con esa persona — con su historia, con lo que ya está tomando, con lo que está dispuesta a hacer en casa, con el tiempo que tiene.
Tener muchas herramientas no sirve para usarlas todas. Sirve para poder escoger.
Cinco principios
Escucha
Como la base de cualquier éxito terapéutico.
Holismo
Ser humano como una unidad completa, donde el entorno, las emociones y la salud física están conectados.
Personalización
Cada paciente recibe una terapia única según su energía, constitución o estilo de vida, en lugar de un protocolo estándar.
No hacer daño
Confiamos en la capacidad innata que tiene el cuerpo para sanarse y equilibrarse si se le dan los estímulos correctos.
Visión natural
Empiezo por la herramienta menos agresiva que te pueda resolver lo que tienes: una planta, el descanso, la alimentación, una esencia, técnicas físicas. Y recurro al medicamento cuando el medicamento es lo que hace falta.
Un día dejé de comprar
Hay una parte de esto que no es consulta ni formación. Es lo que tengo en mi baño.
Como médica que trabaja con plantas y con aceites esenciales, me pasó lo que probablemente le pasa a cualquiera que aprende a leer una etiqueta: empecé a leerlas. Y lo que encontré me incomodó -no por lo que dicen, sino por lo que se sabe de algunos de esos ingredientes desde hace años y que igual siguen ahí.
Así que dejé de comprar y me puse a preparar.
Empecé por lo simple y fui subiendo: talcos de arcilla blanca con aceites esenciales. Un tónico de hidrolatos. Champú con tensioactivos derivados de coco. Gel hidratante con aceites vegetales y extractos de plantas.
Hace más de cinco años que uso solo lo que yo misma preparo. No es un experimento ni una fase: es mi rutina, y la conozco ingrediente por ingrediente.
Y confirmé algo, que es la parte aburrida y la más importante: preparar cosmética en casa no es mezclar cosas bonitas en un frasco. Hay que saber de conservación, de acidez, de qué se contamina y en cuánto tiempo. Un producto natural sin conservante no es más puro: es un caldo de cultivo a los diez días. Eso es lo que la mayoría de recetas de internet no te cuenta.
Ahora estoy armando unas clases, porque en estos años me he encontrado con mucha gente que está donde yo estaba – leyendo etiquetas, incómoda, sin saber por dónde empezar.
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Académico y experiencia.
Médico y Cirujano – UMNG (Bogotá, Colombia)
Mi formación en terapias complementarias viene de diplomados de universidades colombianas avaladas por el Estado y de institutos especializados: medicina biorreguladora, homeopatía, biopuntura y homeosiniatría, auriculoterapia, terapia floral. También estudié medicina biológico-naturista con la Universidad Europea del Atlántico (España).
Entrenada en reiki, terapia de sonido y vibroacústica aplicada, masaje facial, reflexología podal, biodescodificación, psiconeuroinmunología y medicina mente-cuerpo, con instituciones especializadas.
Experiencia en atención primaria y transformación de vidas hacia hábitos saludables, en consultas 1 a 1. Llevo once años trabajando con medicina del estilo de vida, homeopatía, aromaterapia y esencias florales.
Educación grupal en hábitos de vida saludables, relajación y atención plena con sonidos a grupos empresariales y privados.
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